Conociendo L’Hort d’en Dídac

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Verdura ecológica de proximidad.

Conocí a mi amigo Dídac Valera de L’Hort d’en Dídac hace más de una década, aunque parece una vida. En aquel entonces aún no había mucha oferta de verdura ecológica de proximidad; Dídac fue un pionero, porque además de vender eco a domicilio, ofrecía la posibilidad de comprar eligiendo las verduras por kilo, ya no esas cajas cerradas que te proveen de col y patata durante todo el invierno hasta que te salen por las orejas. En esa época yo ya me había despertado a la necesidad de comprar productos limpios; escribía mi blog Desayuno con guisantes, uno de los primeros blogs sobre cocina y alimentación saludable en lengua castellana. Colgaba diligentemente un post con receta semanal, y empecé a comprarle verduras a Dídac, cuyo huerto estaba en proceso de conversión: convertir una tierra de cultivo tradicional en tierra donde se trabaja con certificación ecológica lleva unos años, hasta que te dan el certificado CCPAE. Mientras tanto, vas limpiando la tierra de pesticidas, y las autoridades la inspeccionan periódicamente. 

Dídac es pagès de tercera generación; su abuelo compró tierras en Mataró gracias al capital que consiguió vendiendo patatas a los ingleses durante la hambruna de posguerra. Pero fue Dídac quien, muchos años después, decidió convertir esas mismas tierras a ecológicas, impulsado por un deseo intenso de mejorar el mundo. Así es Dídac: combina la sabiduría práctica de un pagès de tota la vida con el ímpetu algo quijotesco de luchar contra las multinacionales agroquímicas que se están cargando la calidad de lo que se convierte en nuestro pan de cada día. Y hoy, eso es aún más valiente que luchar contra los molinos de viento, en mi opinión. 

Empecé a querer a Dídac persona -no solamente sus verduras- el día que se apuntó a uno de los talleres que yo ofrecía en fin de semana en mi piso barcelonés cerca de Arco de Triunfo. Me contó que quería enterarse mejor de qué hacía yo con todas las verduras que me traía cada semana. Cuando llegó a la puerta con las verduras para el taller en mano, mi hijo Bruno, que era un enano, lo abrazó fuerte. Dídac jamás se olvidó de ese momento: qué maravilla, pensó, el hijo de la profe de cocina saludable abrazando al hortelano (no sabía que Bruno es la persona más cariñosa del mundo.) Me enterneció aquel hombre joven y enérgico, de cabellos rizados, que vino a preparar recetas con sus propias verduras en mi pequeña cocina urbana. Con los años, nos fuimos conociendo más. Ahora los dos somos menos jóvenes, pero aún enérgicos. Supe que la voluntad de Dídac de pasarse a eco tuvo que ver con el nacimiento de su hija Joana, a quien ahora yo también adoro. Dídac comprendió que el mundo lo tenemos que mejorar para los niños, que son quienes lo heredarán. Comenzó a trabajar con comedores escolares, afortunados ellos. 

Con los años, fui proponiendo a Dídac ideas locas como por ejemplo llevarle grupos de americanos a comer calçots al huerto. Nunca olvidaré la emoción de Dídac y su familia la primera vez que fui con un grupo de estudiantes americanos al huerto: nos sirvieron un festín de calçots -entre otros manjares- asados in situ. Los americanos veinteañeros se pusieron las botas con el porrón y los calçots con romesco, y se deshicieron en elogios. Dídac no podría haber estado más orgulloso. Ahora ya es costumbre anual, y Dídac también organiza calçotades para locales en temporada. 

El huerto de Dídac es una especie de oasis de naturaleza ubicado en un enclave algo extraño: rodeado por la autopista por un lado, y un gran centro comercial por el otro, Dídac resiste como el último bastión de la zona; tiene claro que jamás cederá sus tierras a los representantes de la masificación hiper-industrializada de la alimentación. 

Su producto estrella es la fresa, y si tienes la suerte que tuve yo de que una vez me regalara una cajita, verás el brillo en sus ojos cuando te la presenta delicadamente como si fuera una caja de joyitas. Porque lo es. 

La pandemia cambió todo: ahora la fuente de ingresos principal de Dídac ya no puede limitarse a los colegios y la hostelería, sino que tiene que apostar por alcanzar directamente al consumidor final. Y digo yo: ¿hay algo mejor y más cómodo que recibir en tu propia casa verduras y frutas recién cosechadas que tú mismo has elegido desde tu pantalla, cuidadosamente recogidas por el mismo Dídac en su huerto, quien te las trae a tu puerta el día que tú quieras y te las entrega con una enorme sonrisa? 

Os animo a probarlas: www.hortdendidac.com

Artículo de: Camila Loew